jueves, 3 de octubre de 2013

Lugar mágico: la bañera rosa

Desperté contigo esta mañana, te miré y te dije que te levantaras que había que desayunar. Me puse las gafas y fui a la cocina. Saqué el cacillo, la leche, la taza y el colacao. Y tú, remoloneando en la cama.

No sabría decirte cuántas veces había pensado en esto. Recuerdo que mi madre siempre tenía que regañarme porque me tiraba mucho tiempo en la bañera. Me quedaba inmóvil, mirando al infinito y entonces, me ponía a pensar. Me gusta mucho pensar. ¿En qué? Da igual. Me gusta abstraerme del mundo y meterme en el mío, donde todo lo que yo quiero se hace realidad. Cuando era pequeña solía estar allí mucho tiempo, horas y horas, sobre todo cuando estaba sola (básicamente la mayoría del tiempo). Pero no me importaba ya que pasara lo que pasara, siempre acababa contenta. Ahora voy de vez en cuando pero las cosas han cambiado mucho. Mis deseos y sueños ya no son como los de antes. La perspectiva es muy diferente.

Hoy he estado allí un rato, pensando. A veces incluso parece que lo que pienso es real... solo lo parece. En ocasiones mis pensamientos se vuelven tan nítidos que mi cabeza no percibe lo que hay a mi alrededor, solo las imágenes que yo imagino. Es complicado, siempre lo he dicho. Últimamente siento que he perdido la capacidad de expresar concretamente lo que quiero decir, lo que siento y cómo lo siento. Si lo pensamos fríamente podríamos decir que intento huir de la realidad creando un mundo que no existe provocándome una infinita infelicidad. Pero ¿no somos psicólogos verdad? No soy infeliz, ni mucho menos. Le tengo a él, con eso me basta.

Volviendo al momento bañera, recuerdo que era el mejor momento del día. Llamadme antisocial, pero me encanta estar sola y ese momento... El agua muy muy caliente, el vapor, las cortinas (las cortinas eran clave), el ruido del agua. Todo era paz. He intentado muchas veces revivir aquellos momentos pero mis intentos no han dado los frutos que yo esperaba. No es lo mismo. No es la misma bañera, ni el mismo color, ni tiene la misma luz. El recuerdo de aquellos momentos sólo está en mi cabeza y jamás lo olvidaré.

Si a día de hoy pudiera volver al pasado y bañarme en aquella bañera rosa y medio desconchada, estoy segura de que mi imaginación sería, si cabe, más fuerte. Sin duda alguna, aquel lugar era mágico.

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