domingo, 27 de marzo de 2011

Culpabilidad

¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Por qué nunca sé que hacer? ¿Por qué siempre las lágrimas? ¿Por qué...? Culpabilidad. Quizá solo hacen mella los recuerdos más tristes y dolorosos, por encima incluso de los agradables. Siempre nos quedamos con lo malo. No te entiendo ni me entiendo a mí. Hay cosas a las que yo a penas le doy importancia y que para ti son un mundo y viceversa. Hemos compartido cama, abrazos, miradas, momentos... pero apenas se nada de ti. No se quién eres y podría dar mi vida sin pensarmelo dos veces. A lo mejor ese es el problema, que nunca pienso dos veces. La primera vez no da paso a la segunda, sino directamente a la tercera, a la cuarta... y así sucesivamente. Tengo la capacidad de pensar y repensar algo tantas veces y pasar por delante de otros pensamientos sin ni siquiera mirarlos. Soy así y por ello y por muchas otras cosas, me siento culpable. Querer no sé si quiero cambiar, tampoco sé si se puede pues siempre me rindo antes de empezar. Tendría que medir milímetro a milímetro cada una de las palabras que, después de haber sido anteriormente pensadas y recapacitadas con tiempo, salen de mi boca. Y después analizar cada una de las palabras en respuesta que salen de la tuya. Lo podría intentar, pero no creo que durara mucho. Una vez conocí a un chico que me dijo que él se veía feo, no se quería así mismo. No se gustaba. Y me confesó que jamás había besado a una chica. Yo le dije que no me gustaría estar en su lugar y que esperaba que pronto encontrara a esa chica. Él me dijo que no le importaba esperar porque sabía que el día que llegara ella, fuera cuando fuera, todo cambiaría y la espera valdría la pena. Me di cuenta de que yo no tengo fuerza de voluntad y mi impaciencia, a veces, me ha echo caer en los agujeros más profundos que puede haber. ¿Qué me merezco entonces? ¿Merezco sufrir o merezco ser feliz? ¿O simplemente, no me merezco nada? Como digo siempre, no lo sé. No me gusta llorar, que lo haga solo implica que hay una razón en mí que me incita a hacerlo. Quizá odio a mí misma, quizá asco, quizá indignación. A mí me resulta verdaderamente torturante y se qué tu jamás podrías llegar a entenderlo. Ni tú ni nadie que no lo haya vivido o lo esté viviendo. No te culpo, pues tu eres libre de obrar y sentir como quieras, de tomar tus decisiones respecto a los demás, de hacer de daño y de pedir perdón, de hacer cosas que cambien tu vida para siempre. De amar y ser amado. Yo te quiero y a veces eso nubla mi corazón y no me deja ver con claridad. Aprender a controlar ese sentimiento es algo que me sobrepasa pero que intento hacer. Para bien o para mal, lo eres todo. Desgraciadamente yo se que no es mutuo, que un día te cansarás de verme llorar y te irás para siempre. Y que aquella tarde que me prometiste que nunca me haría daño, acabaría por guardarse de nuevo en la habitación oscura a la que van todos los recuerdos. Pero no me importa, no me importa porque yo siempre estaré esperandote, buscando tu felicidad tanto en el cielo como en la tierra. Te quiero mucho y siempre te querré. Y yo podré ser feliz cuando te vea sonreir de felicidad. Gracias por darme la mejor vida que he podido tener y por compartir conmigo esos momentos que cambiaron mi existencia. Como me gustaría poder abrazarte en este momento. Ya no siento dolor, no siento nada.

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