viernes, 30 de diciembre de 2011

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Esa sensación de vacío, ese dolor en parte de rabia y en parte de desilusión. Momentos que hacen que te plantees tu existencia. Palabras que dudan de su realidad. Decisiones que marcan caminos diferentes. Pequeños lugares guardados en una cajita de cristal irrompible. Sentimientos cargados de culpabilidad, extrañeza irreconocible y soledad. Indecisión. Ojos que destiñen odio y amor al mismo tiempo. Gestos que podrían arder en el infinito sin razón aparente. Pulsaciones que darían sus latidos por un calmante. Lágrimas luchando a rastras por no morir en el vacío. Dolor que envidia al veneno. Ese calor fulminante que se escurre dejando al descubierto el pleno y frío invierno. Tormentas de corazón, tormentas de memoria, tormentas de ni si quiera sé que es. Cambios que podrían ser climáticos, sonidos que podrían ser truenos, golpes que podrían ser un vendaval. Alma que no ve el final del túnel porque se ha enganchado en una zarza que absorbe todo lo que queda. Arco iris de color rojo y negro que sólo aparece cuando las luces de la noche lo permiten. Destellos de ansiedad. Papeles que vuelan sin poder caer. Corazones que se ocultan en las más oscuras profundidades. Ternura y desprecio unidas de la mano caminando por un puente invisible que no tiene final. Sal derramada, tréboles de dos hojas, gato como el carbón. Ignorancia no tan pasajera. Destino escrito con letras griegas. Amor. Dolor. Eternidad.

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