Cuando te oigo hablar cuando hablas del final, no oigo dolor ni pena. No oigo tristeza. Sólo palabras reales. Oigo palabras que no sé si de verdad quieres decir. Aunque la cosa está bastante clara. Esta vez no te voy a pedir que no me olvides. Al contrario, sólo te he traído problemas. Te pediría que me olvidaras, que no me eches de menos, que hagas como si nunca me hubieras conocido. Te lo pediría si pudiese hacerlo. Pero no puedo.
Yo bueno, soy feliz estando contigo. Pero no te veo a gusto. Piensas en esto y cada vez estás más convencido que está mal. No siento el mismo calor en tu boca cómo cuando me besabas estando enamorado. Echo realmente de menos ese calor. Te repito, que todo esto siempre ha estado y sigue estando en tus manos. Gordi.
Por esos días de invierno con la manta de tu cama
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