Supongo que siempre hay un por qué. Mi por qué se basaba prácticamente en la falta de cariño que desembocó en sexo desenfrenado y sin sentido. Es una historia muy larga, intentaré resumir. Verano de 2010. Muchos, muchos cambios. Menos peso, lentillas, pelo suelto y un poco de rimel. Podría decirse que en dos años he dado un cambio radical. Mi autoestima subió considerablemente en aquellos momentos al igual que ese instinto animal que todos tenemos. ¿Qué si me arrepiento? Por supuesto. Pero creo que era lo que tenía que pasar para que me diese cuenta de lo que estaba haciendo, para cambiar de mentalidad. Lo recuerdo con dolor y rabia. Aquellas noches vacías.
Cuando no has tenido a nadie, aprendes a estar sola. De echo, me gustaba la soledad. Pero desgraciadamente cometí muchos errores por su culpa. Hice muchas cosas de las que no me siento orgullosa. Y después de todo esto, llego él. Dejé atrás esa vida para dedicársela a él. Al único que me dio el cariño que yo estaba buscando de verdad. Sólo quería a alguien a mi lado, a alguien que me dijese que era guapa, que llevaba una ropa bonita o que me diera un beso en el portal. Pero el mundo es demasiado complicado y la inocencia y desesperación te llevan a hacer cosas que realmente no quieres hacer.
Se convirtió en una droga. Por eso cada vez que ocurría no podía evitar sentirme como una mierda. Él no me utilizaba, yo utilicé mi cuerpo para tener lo que quería, simplemente. No veía otra opción, sólo quería que no me dejase sola. No, otra vez. Después las cosas se fueron calmando, aunque la droga siguió en mí. A él le gustaba que yo fuese así pero yo no siempre estaba contenta con eso. Es que no lo puedo evitar. El sexo cada vez era mejor y cada vez quería más y más, y más, y más... llegué a odiarme. Lloraba siempre después de hacerlo. Él no sabía por qué.Siempre he querido agradar a los demás. Siempre he querido que todos estuvieran contentos, que no hubiese nunca problemas. Quise ser buena con todos. No sirvió de nada. Mi mente estaba obsesionada con el deseo y el placer, no cabía en ella otra cosa que no estuviera relacionada con el sexo. Puede que estuviese loca, quién sabe.
A día de hoy las cosas han cambiado. Ya no me siento en la obligación de cumplir para sentirme aceptada, de todas maneras, lo sigo haciendo, pero porque me gusta. ¡Sí, me gusta! Y no me importa gritarlo a los cuatro vientos. No tengo nada que ocultarle al mundo, si los que están ahí afuera no les gusta es que no me quieren como soy. No pienso cambiar de ninguna de las maneras. La droga siempre estará conmigo.
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