martes, 26 de julio de 2011

Sin ti las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer

Son tiempos difíciles para los soñadores.


Yo también me hago mayor. El tiempo pasa y hace que cada vez vea el mundo desde una perspectiva diferente. Diferente. Tan diferente como yo. Tan diferente como esas cosas que no tienen sentido pero que te hacen sentir mejor. Infinidad de momentos pasan día a día delante de nuestros ojos y nunca nos paramos el tiempo suficiente para observarlos con detenimiento y darnos cuenta de que es lo único que tenemos en esta vida. Momentos. Cosas. Lugares. Fotos. Recuerdos. Cuando era una niña, cosas como ver mi serie de dibujitos en la tele o ir de paseo al parque se convertían en una auténtica aventura. Cuando pienso en ello, en lo verdaderamente feliz que era, me doy cuenta de lo mucho que he cambiado. La diferencia es que puedo verlo. Puedo sentirme igual que en aquellos momentos, sin embargo no siempre sale bien. Qué recuerdos. La primera vez que monté en bici o aquellas tardes en las que mi hermana y yo nos peleabamos por llevar el carrito del mercadona, ya no están. ¿Tristeza o nostalgia? No, recuerdos. Ahora, las cosas son diferentes. Cierto es que esos momentos permanecerán siempre en mi cabeza, aunque tenga que hacer un esfuerzo sobrenatural para no olvidarlos. Cada noche, en mi cabeza, se recrean de principio a fin. Hoy, me he acordado de muchas cosas. Mi vida es como una película. Una película llena de películas. Pequeñas películas sacadas de películas. Situaciones irreales que cobran vida dentro de mi cabeza. Cosas que sabes que jamás ocurrirán en la vida real, están aquí. Llamadme película, porque sí, lo soy. A veces me imagino que yo soy la protagonista, otras veces sólo soy un persona secundario y otras simplemente la narradora omnisciente. Como sin conocerte llegaste a tocar el mismisimo fondo de mi corazón latente. Se parece a mí. Sí. Se parece. Las dos somos diferentes y curiosamente introvertidas. Cuando yo veo una película que ha conseguido tocar mi fibra sensible (pocas lo consiguen) se almacena al final de mi lista de recuerdos. Quizá cuando sea mayor y esté sentada en un porche de madera mirando a los niños pasar por la calle al lado de mi marido, recuerde ese día en el que alguien compartió conmigo una película preciosa. Y me levantaré, le cogere de la mano e iremos juntos a verla de nuevo, como hoy. Muchos pensamientos inundan ahora mi cabeza. Estando tan confusa me resulta complicado ver la realidad. Por eso es ahora cuando más necesito escribir.



A Nuria le gusta cogerle de la mano cuando no está mirando, le gusta el nuevo helado de kinder que hace poco descubrió, le gusta soñar y le gusta mirar al cielo para comprobar que todavía es de día.

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