No me daba ninguna lástima, es más,
él se lo había buscado. Ahora todo el mundo podría ver cómo pagaba por sus
delitos. La calle estaba poblada de campesinos y gente del pueblo que con
curiosidad y morbo anhelaban verle morir. Sería todo un espectáculo. Estaba
bastante lejos, aún así pude ver su cara casi como si lo tuviera delante. Y
pensar que un día le quise... quién lo diría. La gente empezó a gritar su
nombre, deseaban verle suplicando por su vida, verle llorar y sufrir. Sonreí.
Nos arrebató todo lo que más queríamos y ahora el pueblo le quitaría lo que más
feliz le hacía: vivir. Aún así no parecía tener miedo, siempre fue un hombre
muy orgulloso. Miró al infinito, recitó cierta oración y metió su cuello en la
horca. Apreté fuertemente mis manos
contra el marco de la ventana esperando con un nerviosismo incandescente. Se
hizo el silencio, unos cuervos salieron volando al sonar la palanca del
patíbulo y la muchedumbre se fue dispersando satisfecha, feliz y eufórica. La
venganza que todos ansiábamos había sido consumada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario