lunes, 29 de julio de 2013

El fin del mundo (II)

Vi cómo se alejaba rápidamente sorteando escombros y llegando hasta un pequeño agujero entre la tierra y un edificio. Confiaba en él más que en nadie, eso lo tenía claro. Me quedé inmóvil durante varios minutos, esperando. Procedí a esconderme detrás de una pared cercana a la nave, a pocos metros. Aquellos segundos se me hicieron eternos. Me venían a la cabeza multitud de imágenes de destrucción y sufrimiento. La gente, las casas, los animales, los monumentos, las obras de arte... todo desapareciendo en la oscuridad. Decir que la responsabilidad era inmensa sería quedarse corto.

No le quitaba la vista de encima. Me miró a lo lejos y asintió. Varios cohetes teledirigidos salieron disparados hacia la nave. El primero chocó en la parte frontal provocando una pequeña explosión. El segundo se coló por una de sus entradas inferiores y muchos mini-robots comenzaron a salir como hormigas asustadas. Los siguientes choques fueron menos trascendentales pero necesarios ya que formaron un agujero lo bastante grande cerca del detonante. No tardaron mucho en detectar de dónde procedían los cohetes, pero, cuando llegaron, solo había una máquina sujeta por una cuerda y apoyada en una piedra plana señalando hacia su nave. Sentí un gran alivio. Era mi turno. Aproveché el factor sorpresa para acercarme sigilosamente a escasos metros del detonante. Concentré toda mi energía y desprendí mi rayo de luz sobre la nave creando al mismo tiempo un gran campo de fuerza que protegiera el ataque. Todos los robots comenzaron a disparar sobre el campo, al principio sin recompensa, pero según pasaban los segundos muchos rayos láser consiguieron atravesarlo. Si me preocupaba más por protegerme que por intentar destruir el detonante el plan habría sido en vano, pues acabarían disparándome. Intenté pensar una manera de deshacerme de los robots en un momento de desesperación ya que mi campo cada vez se hacía más pequeño y el detonante apenas había sido destruido. Quise moverme con rapidez, eché a volar y todos los robots me siguieron. Miré hacia atrás y abrí los ojos como platos. Eran demasiados, no iba a poder con todos. Mientras huía sin alejarme de la nave pensé miles de posibles soluciones y ninguna era factible.

Entonces se escuchó una explosión. Todos los robots pararon en seco y miraron hacia su nave. Un humo negro intenso como la noche acompañado de un fuego abrasador dominaban su nave. Volaron todos hacía allí y me di cuenta. Vi a Jorge disparando más cohetes sobre el detonante y destruyendo ciertas partes. Mi corazón entró en pánico al ser consciente de que iban a por él. Él también lo sabía y aún así seguía disparando. Volé lo más rápido que pude intentando llegar antes que los robots. No me iba a dar tiempo. Le protegí con un campo de fuerza lo suficiente para que no consiguieran atacarle. Llegué a los pocos segundos, lo agarré y salí volando. Y de nuevo todos los robots detrás de nosotros.

¡Hay que deshacerse de ellos!me gritaba.
¡Es imposible!
¡Deja que te alcancen y aplástalos con un campo de fuerza!
¡Si explotan contra el suelo se derrumbará...!
Se hizo un silencio desesperanzador. 
Déjame sobre la nave.
¿Qué?
¡Vamos, hazlo!
¡No pienso hac...!no logré terminar la frase porque un dolor agudo comenzó a atraversarme. Caímos en picado y en un último suspiro conseguí que él no se hiciera daño. Tenía una aguja del tamaño de un bate de béisbol clavada en la pierna. La sangre se dejó ver. Notaba como mi cuerpo se enfriaba por momentos.
Agárrate a mídijo. Le agarré sin fuerzas y me levantó. Los robots habían perdido nuestro rastro en la aparatosa caída y nos buscaban entre los destrozos. Por suerte habíamos caído cerca de la nave. Me agarró la cara.
Nuria eh, mírame. Venga, mírame. Tranquila ¿vale? Concéntrate en la herida y cúrala.
No puedo...
Sí puedes, no te pongas nerviosa. Tienes que curarte ¿recuerdas que tenemos un planeta que salvar?
Si me curo... gritaré... y me... oirán. Vendrán a por ti...me miró y se quitó la camiseta.
Muérdela. 
Pero...
Al menos déjame que te saque la aguja de la pierna. Muerde mi camiseta mientrasme miró con esperanza. Yo cada vez lo veía todo más negro. Mis ilusiones se desvanecían. Y era él, el humano, el que nunca perdía la fe. Me sentí una perdedora. Pensé en todas las personas que iban a morir por mi culpa. Mis padres, mi hermana, mis amigos, todos los profesores, médicos, bomberos, el portero de mi casa que tanto odiaba, el taquillero de cine incompetente, la del chino... y tantos que nunca llegaría a conocer. Las ganas de vivir de Jorge me permitieron intentar, al menos, morir luchando hasta el final. 
Está bienagarré su camiseta y mordí con todas mis fuerzas.
Todo saldrá biendijo. Y tiró de la aguja rápidamente sacándola de mi pierna. Notaba la sangre resbalándome mientras mis manos destrozaban su camiseta y mis lágrimas de dolor caían sobre la tierra seca. 
Ya está, ya pasó ¿ves? Vamos, tenemos un detonante que destruir. Intenta levitar ¿puedes?me decía tantas cosas de las cuales apenas entendí palabras sueltas como "detonante" o "levitar". Abrí los ojos. El dolor era insoportable. Me incorporé y la vi. Me faltaba piel y casi se podía ver el hueso. Todo estaba lleno de sangre.
Nuria, escúchame, por favor. Se te va a infectar, tienes que curarlo. Sé que estás en estado de shock pero tienes que hacerlo. Hazlo por míle miré. Colocó mis manos sobre la pierna. Casi me mareo cuando entré en contacto con la herida. 
Sí...dije levemente. Pequeños poros de luz comenzaron a salir de mis manos y entraron en la herida desinfectándola desde el interior. Lo último que recuerdo fue su mano en mi cabeza y sus labios en mis labios.

Segunda parte terminada!

No hay comentarios:

Publicar un comentario