Entré en la habitación que siempre me había asustado con los hombros erguidos. Doc lo había preparado todo. En la esquina más oscura pude ver dos catres juntos, en uno de los cuales Kyle roncaba con su brazo sobre la forma inmóvil de Jodi. Su otro brazo aún abrazaba el criotanque de Sol. A ella le habría gustado eso. Ojalá hubiera alguna forma de decírselo.
Hola, Docsusurré.
Levantó la mirada de la mesa donde estaba preparando las medicinas. Ya había lágrimas derramándose por sus mejillas. De repente, me volví valiente. Mi corazón latía a un ritmo tranquilo. Mi respiración se volvió más profunda y relajada. La parte más difícil había pasado.
Ya había hecho esto antes muchas veces. Había cerrado los ojos y me había ido, aunque siempre sabiendo que abriría unos ojos nuevos la siguiente vez y que yo aún permanecería. Era algo familiar, no había nada que temer.
Fui a la camilla y me senté en ella de un salto. Cogí el Sin-dolor con mano firme y abrí la tapa. Me puse un pequeño cuadrado de ese tejido en la lengua y dejé que se disolviera.
No hubo ningún cambio. No sentía dolor esta vez. Ningún dolor físico.
Dime algo, Doc. ¿Cuál es tu verdadero nombre?
Quería respuestas para todos aquellos pequeños misterios antes del final. Doc sorbió y se secó los ojos con el dorso de la mano.
Eustace. Es un nombre familiar y mis padres eran muy crueles.
Solté una carcajada y luego suspiré.
Jared está esperando en la cueva grande. Le he prometido que le avisarías cuando todo hubiera acabado, pero espera a que yo..., a que ya no me mueva, ¿vale? Será demasiado tarde para que pueda hacer nada en lo que se refiere a mi decisión.
No quiero hacer esto, Wanda.
Lo sé. Gracias por eso, Doc, pero insisto en que tienes que cumplir tu promesa.
¿Ni aunque te lo suplique?
No. Me diste tu palabra. Yo cumplí mi parte, ¿no?
Sí.
Entonces, haz la tuya. Déjame dormir con Walt y Wes.
Su rostro delgado se contorsionaba intentando contener un sollozo.
¿Te dolerá?
No, Docle mentí. No sentiré nada.
Esperé a que llegara la euforia, a que el Sin-dolor me hiciera sentirme tan bien como la última vez. Aún no notaba ningún cambio.
Pero quizá eso no se debía al Sin-dolor, después de todo..., seguro que se debía a ser amada. Volví a suspirar. Me tumbé estirada boca abajo en el catre y volví la cara hacia él.
Duérmeme, Doc.
La botella se abrió. La oí sacudirla sobre el pañuelo que tenía en la mano.
Eres la criatura más noble y pura que he conocido jamás. El universo será un lugar más triste sin tisusurró.
Ésas fueron sus palabras sobre mi tumba, mi epitafio, y me alegraba haberlas oído.
«Gracias, Wanda. Mi hermana. Nunca te olvidaré».
«Que seas feliz, Mel. Disfrútalo. Aprécialo por mí».
«Lo haré», prometió.
«Adiós», pensamos las dos a la vez.
La mano de Doc presionó el pañuelo suavemente contra mi cara. Respiré profundamente, ignorando el denso y desagradable olor. Cuando inhalé aire otra vez, vi las tres estrellas de nuevo, pero no me llamaban, sino que me dejaron marchar hacia ese negro universo por el que había vagado durante tantas vidas. Ya no era negra, sino azul. De un cálido, vibrante y brillante azul. Me deslicé en él sin temor alguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario